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El crisol cultural y el buen “ars vivendi”

Posted on : 10-06-2009 | By : Administrador | In : General

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Una amalgama que une, en armonía, restos de costumbres árabes, judías y cristianas

Hace un buen montón de años, a finales de los ochenta y muy poco antes de abandonar el edificio –en 1990–, el famoso director de orquesta, pedagogo y compositor Leonard Bernstein aterrizó en Barcelona con su Filarmónica de Nueva York. Se montó la gorda por las entradas para verlo en el Palau de la Música. Pero, además, en los días que estuvo, nadie pudo dar con él. Había desaparecido del mapa como un fantasma. Sólo cuando se fue quedó resuelto el misterio. Don Leonardo había estado en Girona, gozando de lo que muy poca gente sabía: de una propiedad en pleno Call, como tenía algún que otro personaje del lobby judío neoyorquino.

Eran los tiempos de Isaac el Cec, antro maravilloso que daba cobijo a todos los nómadas y desarraigados amantes de una sensación de paz que fuere perfectamente contrastable.

Nuestras maletas estaban una vez más amontonadas en la acera; teníamos mucha carretera por delante. Pero no importaba. La carretera es la vida.
Jack Kerouac

Algo extraño pasa siempre en Girona. Es de esos sitios donde es fácil transpasar la barrera de la realidad. Uno, como en un famoso cuento de Hoffmann, cree descubrir un día un callejón que jamás había estado allí antes. Y la sensación de irrealidad se multiplica cuando oye las leyendas de la ciudad. Y no me refiero solo a la del culo de la leona de la plaza de Sant Felíu (quien lo besa, vuelve irremediablemente a la ciudad). ¿Hubo aquí, por ejemplo, un Golem como el que cuenta Meyrink que crearon los rabinos de Praga? No lo sabemos a ciencia cierta.

Pero sí hay fantasmas de diversa índole. Los hay locales y muy conocidos, como el de La Tolrana, la judía decapitada en la Torre Gironella, que vaga por el Call haciendo uso de una voz cavernosa y haciendo huir despavoridos a los turistas noctámbulos, de la misma forma que ahuyentaba al personal aquella bruja que, a fuer de lanzar blasfemias a la puerta de la catedral, quedó convertida en gárgola.

También era gerundense Nicolau Eymerich, que en 1628 publicó el famoso Directorium Inquisitorum, uno de los dos libros que usaban los cazaherejes institucionalizados. El otro estaba firmado por los simpáticos Iacobus Sprenger y Heinrich Kramer. Digo que simpáticos, porque reproducir un ritual para convocar a Satán en persona es, casi, de los screamers Abbott y Costello.
Por supuesto, el tomo en cuestión era el tan conocido Malleus Maleficarum, Maleficas et Earum, de 1486. De él existe una copia en la Biblioteca del Seminario Menor de Compostela.

Hey, escuchad. Yo solía pensar que todo era una gran broma. Yo pensé que era algo para reírse de ello, y el último par de semanas conocí a algunas personas que estaban haciendo algo. Ellos estaban intentando cambiar el mundo y yo quiero unirme al viaje. Yo quiero cambiar el mundo.
Jim Morrison

De muy cerca de Girona era Josep Pla. Si hubiese que buscar a alguien semejante en Galicia, ese sería Cunqueiro. Estoy viéndolos a los dos. Están en una foto a la puerta del restaurante O Mosquito de Vigo. Están pletóricos, tras una opulenta mariscada. Los acompaña Gonzalo Torrente Ballester y la dueña del local. Un testimonio gráfico realmente impresionante.
Pla era de Palafrugell. De alguna forma casi alquímica, ese lugar es la cuna de la nueva cocina universal.

Me explico. Hay una filosofía de mezcla aparentemente absurda que se concreta en lo que suele llamarse mar i muntanya, y cuyo ejemplo perfecto sería el pollo con bogavante. La evolución de esa idea, que nace en los nius, o casas comunales de fines del XIX, donde cada vecino aporta lo que tiene (los marineros, el pescado, el marisco, los moluscos; los agricultores, las carnes, el vino…), va a dar mucho que pensar. Y lo que salió de ahí es una revolución. Esos nuevos ilustrados, herederos de Brillat-Savarin y Escoffier, son los que hoy abanderan el mercado mundial: Ferrán Adriá, Joan Roca, Carme Ruscalleda…
Por ahí se movían los hilos del antifranquismo. En una cava de Palafrugell vi, a modo de homenaje, papeles que lo testificaban. Jordi Pujol hablaba por teléfono desde allí a Francia. El interlocutor era Josep Tarradellas. Todo entre olor a vino…

Si quieres viajar hacia las estrellas, no busques compañía.”
Heinrich Heine

En Calella, que pertenece a Palafrugell, tenía una hermosa casa el amigo Pla. Justo al lado de la playa, en el camino de ronda que va al Faro de Sant Sebastià. Donde está, como les comentábamos hace poco, El Far, uno de los hoteles más hermosos y más acogedores del mundo.

Allí, en aquella residencia olímpica, pintada de ocres y cremas, escribió buena parte de su Quadern gris.

Nos lo imaginamos oyendo, a lo lejos, las habaneras traídas por los emigrantes a Cuba. Como pasó en Galicia, la gente se resistía a volver. Cuando lo hicieron, tenían morriña, pero al revés: del lugar de emigración.

Otro punto más para apuntalar la idea de crisol de estas tierras, donde también la impronta árabe dejó formas, colores, canciones y estilos de un manierismo, de un cromatismo feliz.

No muy lejos, en Besalú, quedan otras voces, otros ámbitos. Más mezclas generativas. Si en Girona veíamos los Baños Árabes, en Besalú vemos los destinados a la purificación en los ritos judaicos.

Hoy, todo ha trascendido. El futuro es brillante, y las ganas de vivir, perdurables. En una tierra tan hermosa merece la pena quedarse para siempre…

Fuente: elcorreogallego.es

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